lunes, 12 de abril de 2010

LA POESIA INGLESA DE TRINCHERAS (Artículo)

Los conflictos bélicos, la guerras y las revoluciones, desde tiempos remotos han inspirado la creación de versos ensalzando la valentía, el patriotismo, el honor a través de relatos de proezas guerreras individuales o colectivas. De ahí la poesía épica con una amplia producción y la de guerra o bélica.
Sin embargo durante la Primera Guerra Mundial, en los parapetos llenos de barro y de mortandad, surgió una nueva variedad poética: la poesía de trincheras, por parte de poetas-soldados anglosajones, principalmente ingleses. Estas nuevas obras esta vez no buscaron enaltecer valores patrios tradicionales sino que se presentó, por el contrario, como una violenta y clara denuncia de los horrores y la futilidad de la guerra.

Wilfred Owen

Wilfred Owen es uno de los más famosos poetas de guerra inglés. Nació el 18 de marzo de 1893, en 1915 ingresó al ejército y fue destinado al frente en Francia. Allí experimentó en carne propia los espantos de esa carnicería organizada. Como consecuencia de traumas sufridos en combate es enviado a un hospital donde conoció a Siegfried Sassoon, otro vate en uniforme, quién lo animó en su trabajo. Es durante este período que Owen escribió sus mejores poemas: “Himno a la Juventud Condenada”, “Dulce et Decorum Est” y “La parábola del viejo y el joven”.
Su poesía se caracteriza por su cólera hacia la guerra, la crueldad y el desperdicio de vidas durante el conflicto bélico. Como él mismo señaló: “Mi tema es la Guerra, la Compasión de la Guerra”. Sus crudas líneas ilustran los sufrimientos, el ambiente y la relación del cuerpo humano con ese paisaje desgarrado por las bombas y regado de sangre inútilmente derramada. Utiliza un lenguaje directo, propio de una denuncia franca y sin tapujos. Estilo que fue criticado por algunos personajes ilustre de las letras anglosajonas como E. W. Yates quién sostenía que la poesía, en cualquier circunstancia debía ser metafórica.
Owen regresó al frente en Noviembre de 1918 y cayó en combate una semana antes de que la guerra finalizara.
“HIMNO A JUVENTUD LA JUVENTUD CONDENADA”, es sin duda el más conocido y popular poema escrito por Wilfred Owen. En el incorpora el tópico del horror de la guerra. En un lamento por los jóvenes soldados que perdieron innecesariamente sus vidas durante sangrientos combates que le tocó presenciar y sufrir personalmente durante este conflicto. Este soneto fue escrito entre septiembre y octubre de 1917 cuando Owen se encontraba en un hospital recuperándose de un shock nervioso. En su estadía en ese sanatorio conoció a Siegfried Sassoon a quién solicitó consejo para la escritura final de este poema.

ANTHEM FOR DOOMED YOUTH

What passing-bells for these who die as cattle?
Only the monstrous anger of the guns.
Only the stuttering rifles' rapid rattle
Can patter out their hasty orisons.
No mockeries now for them; no prayers nor bells;
Nor any voice of mourning save the choirs, –
The shrill, demented choirs of wailing shells;
And bugles calling for them from sad shires.
What candles may be held to speed them all?
Not in the hands of boys but in their eyes
Shall shine the holy glimmers of goodbyes.
The pallor of girls' brows shall be their pall;
Their flowers the tenderness of patient minds,
And each slow dusk a drawing-down of blinds.

HIMNO A LA JUVENTUD CONDENADA

¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?
Sólo la rabia monstruosa de los cañones
el rápido tartamudeo de los fusiles
pueden rezarles una breve plegaria.

Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas
ni voces de luto o salvas en coros,
Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses
y clarines llamándolos desde dolientes condados.

¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
No en sus manos de niños sino en sus ojos
brillará la sagrada luz de los adioses.

La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.

(versión de J.C.G.A)

Siegfried Sassoon

Escritor y poeta inglés nacido en 1886. Desde antes del inicio de la guerra manifestó públicamente su oposición lo que no le impidió participar en ella llegando a ser condecorado por su valentía.
En el frente de batalla, Sassoon rápidamente se confrontó con las realidades de la guerra, lo que marcó un giro en su escritura. De la dulzura diletante de sus inicios, sus versos se tornaron cada vez más discordantes transmitiendo las aterradoras verdades de las trincheras hacia un público cortejado por la propaganda patriótica. Detalles como la muerte inútil, los cuerpos en descomposición, los miembros destrozados, la suciedad, la cobardía y el suicidio caracterizan su trabajo de ese período. Su poesía se tornó satírica, punzante y crítica en contra la guerra. Denunció abiertamente a las autoridades militares y políticas quienes, según su opinión, prolongaban inútilmente las hostilidades. A su juicio, la guerra de defensa se había transformado en guerra de conquista.
Una vez finalizada la beligerancia publicó los trabajos de Owen y otros poetas de trincheras. Más tarde, fue aclamado por su obra en prosa, sobre todo por tres volúmenes de su autobiografía novelada, conocidos colectivamente como la "Trilogía de Sherston".
“SUICIDIO EN LA TRINCHERAS” es su poema más conocido. Sassoon allí expresa su sentir sobre la guerra, que no es sólo cruel, sino que es sobretodo, un infierno que conduce al hombre al suicidio. Critica las muchedumbres inconcientes que piensan que es un juego divertido y que creen que no se muere. Pero hombres caen en los frentes de batalla y luego los cubre el polvo del olvido.

SUICIDE IN THE TRENCHES

I knew a simple soldier boy
Who grinned at life in empty joy,
Slept soundly through the lonesome dark,
And whistled early with the lark.

In winter trenches, cowed and glum,
With crumps and lice and lack of rum,
He put a bullet through his brain.
No one spoke of him again.

You smug-faced crowds with kindling eye
Who cheer when soldier lads march by,
Sneak home and pray you'll never know
The hell where youth and laughter go.

UN SUICIDIO EN LAS TRINCHERAS

Conocí a un simple niño soldado
que sonreía a la vida pleno de agrado,
dormía profundamente en solitaria oscuridad
y superaba alegre su ansiedad.

En heladas trincheras, miserables y horrorosas,
con piojos, escasos de ron, ruinosas,
se disparó una bala en la sien
y nadie mas habló de él.

Ustedes, complaciente multitud de ingenua mirada
que aclaman a los soldados en la parada,
guarden hogar y rueguen para que nunca sepan
el infierno donde la juventud y las risas van.
(versión de J.C.G.A)

“En los campos de Flandes”

Sin embargo uno de los poemas más conocidos en el mundo anglosajón es “EN LOS CAMPOS DE FLANDES”. Este memorable poema de trincheras lo escribió el Doctor John McCrae (1872-1918), Teniente Coronel del Ejército canadiense. Es el legado de la terrible y sangrienta batalla de Ypres acaecida en la primavera de 1915. Con el transcurso del tiempo, esta poesía se convirtió en el emblema de los caídos. Durante las ceremonias de conmemoración del Armisticio (Remembrance Day), las ofrendas de amapolas simbolizan y homenajean a los caídos en todas las guerras.

IN FLANDERS FIELDS

In Flanders Fields the poppies blow
Between the crosses row on row,

That mark our place; and in the sky
The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.


We are the Dead. Short days ago

We lived, felt dawn, saw sunset glow,

Loved and were loved, and now we lie
In Flanders fields.

Take up our quarrel with the foe:

To you from failing hands we throw

The torch; be yours to hold it high.
If ye break faith with us who die
We shall not sleep, though poppies grow

In Flanders fields.


EN LOS CAMPOS DE FLANDES


En los campos de Flandes las amapolas se mecen

entre interminables filas de cruces,

marcan nuestro lugar; y en el cielo
las alondras
todavía vuelan y cantan
sobre el ruido de los cañones.

Somos la Muerte, hasta ayer vivíamos,
contemplábamos alba y ocaso,

amamos y fuimos amados, y ahora yacemos

en los campos de Flandes.


Rescaten nuestro lema con fe,

tomen en sus manos la antorcha
levántela y háganla suya.
Si pierden la confianza, los que morimos

nunca descansaremos en paz,

aunque las amapolas crezcan
en los campos de Flandes.
(versión de J.C.G.A)
* * *

El legado

En el Reino Unido existen varias asociaciones que rememoran la vida y el trabajo de aquellos poetas que cayeron en la guerra, como fue el caso de Wilfred Owen, Leslie Coulson, W.N. Hodgson, T. M. Kettle, Francis Ledwidge, E. A. Mackintosh, Alan Seeger y muchos otros. Regularmente organizan concursos y se editan libros acerca de sus poesías. Así mismo prestigiosas universidades británicas imparten cátedras que permiten mantener vigente el legado de estos escritores entre la juventud.
Al mismo tiempo se rescatan y se dan a conocer otras creaciones de pasados conflictos, como aquellas de la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Vietnam, algunas revoluciones, etc.
Por otro lado, los actuales conflictos en Irak y Afganistán y la fuerte oposición a ellos, han puesto en actualidad este particular género literario. Numerosos combatientes y también civiles han dado a luz pública numerosos testimonios poéticos acerca de sus experiencias en los frentes de batallas del siglo XXI.

* * *
Juan Carlos García Araya
Rapsodas Fundacionales
Londres, 1 de Marzo de 2010.

martes, 2 de febrero de 2010

PARTIR



Partir recto hacia el horizonte,
dejando atrás historias, recuerdos,
afectos, penas y alegrías;
romper rutinas, cadenas, lazos,
sin jamás volver la vista atrás.
Viajar ligero de equipaje
libre de compromisos y necesidades
recorrer caminos, rebasar barreras,
siempre avanzando a paso firme,
respirando a pleno pulmón.
Llegar al anhelado destino
pronto a volver a empezar,
plasmar sueños mil veces postergados
y dar todo sin retenciones
a quién al otro lado te espera.

* * *
Juan Carlos Garcia Araya
Rapsodas Fundacionales
London, 15th December 2009

NO ES OTRA PELICULA DE GUERRA



No es otra película de guerra,
ni un nuevo juego de aventuras
donde los actores se levantan sonriendo
y vuelven a sus hogares al atardecer
cuando termina la actuación.
Es una establecida mortandad
hombres y mujeres caen destrozados,
ensangrentados, mutilados para siempre,
ajenos a las cámaras, las luces,
lejos de su pueblo y el hogar.
En remotas vías, detrás de cada pliegue
surge la amenaza, la muerte,
el soldado, su capitán, un ser humano,
en batalla sin fin, por causa perdida,
verterán su sangre en suelo hostil.
No hay refugio donde llorar al amigo,
para despedir al camarada
o lanzar un grito desesperado,
todo debe continuar como antes,
tomar su turno, el puesto en la fila,
expulsar la angustia de los pulmones
y dejar atrás, en el limbo, el dolor.
Por ese innecesario héroe,
entre inhóspitos llanos y montañas
un ruginoso trozo de metal
clavado en un pedestal de cemento
recordará su estéril inmolación.
Ninguna medalla consuela sus muertes
de jóvenes vidas desperdiciadas.
No hay piedad para los caídos,
fantasmas de sanatorios o
encerrados en polímeras mortajas.

* * *
Juan Carlos García Araya (65)
Rapsodas Fundacionales
London, August 18th 2009

EXTRANJERO


Nuevos cielos, sabores y colores
fustigan ahora mi horizonte
y soplos fríos me secan el rostro
empapados de cercanos recuerdos.
Me muevo silencioso, mudo y lento,
dentro de esta gran isla congestionada
soy otro dato más en el arqueo étnico,
una opaca presencia forastera.
Deambulo por intangibles senderos
tropezando contra múltiples fronteras,
tras una vetusta dignidad me escudo
de la discreta exclusión racial.
No hay saludos ni franca amistad
sólo la flemática indiferencia
¿Cuánto tardará la primera sonrisa
o el hiriente baldón de bienvenida?
Extranjero entre los extranjeros
ni azul ni verde, tampoco morado,
mi color es el de todos, púrpura,
como la sangre que corre por mis venas.

* * *
Juan Carlos García Araya (56)
Rapsodas Fundacionales
London, June 4th, 2009

CIUDADANOS BAJO SOSPECHA



Nos dicen que somos libres,
con igualdad ante la ley,
pero en esta centuria de pesadilla
somos también víctimas y sospechosos
en la guerra del recelo y del terror.
Así son nuestras vidas, sitiadas,
de peatones despreocupados
transitando por sendas vigiladas
sin escuchar esas múltiples voces
que desde la verdad del frente nos llaman.
El miedo domina la sociedad
bajo arresto domiciliario,
con barrotes, rejas, custodios
y mortalmente en la mira láser,
constituimos blancos perpetuos.
Vamos hacia la fosa común
con derecho a consumir,
cancelar cuotas, no a soñar,
iguales frente al espejo,
distintos hasta después de morir.

* * *

Juan Carlos García Araya
Rapsodas Fundacionales
London, July 8, 2009.

VISITA VIRTUAL

Busco una calle en Google Mapas,
la encuentro, amplío la imagen.
Me acerco más y veo una casa,
la contemplo detenidamente,
algún día golpearé a esa puerta.


* * *
Juan Carlos García Araya (55)
Rapsodas Fundacionales
Arica, 3 de Marzo de 2009

POR LAS AVENIDAS DEL IMPERIO




En calles angostas y adoquinadas
de opulentas y populosas cities,
fastuosas estatuas y monumentos
se izan solemnes por sus cuatro esquinas.
Héroes recaudadores de los imperios,
ídolos de soberanos vanidosos,
con la cruz y la tizona empuñadas
sobre nuestras comarcas se arrojaron.
Impusieron sus iconos y fervores,
devastaron milenarias culturas,
derramaron sangre, propagaron fuego,
por botín bestialmente disputado.
¡En esas vías está el oro, la plata
de galeones hundidos en el mar Caribe!
Trofeos arrancados a un continente
y que hoy lucen ufanos en sus vitrinas.

* * *

Juan Carlos García Araya (57)
Rapsodas Fundacionales
London, July 4, 2009

miércoles, 4 de febrero de 2009

DESPERTAR CARNAL

Despierto entre el hoy y el ayer
en el centro de un espacio partido
sintiendo mi cuerpo dentro del tuyo
en este lecho con resabio a lejanía.
Me refugio en cielo artificioso
computando la insolente distancia
con fracciones abecedarias
y redobles carmesíes.
Mis señales saltan al vacío
esperando ser cautivas
de esa lógica plasmática
y de tu rebelde intermitencia.
¿Qué mantiene tu presencia viva
a pesar de la separación?
En mi pasado amaneciste
y hoy eres mi porvenir.
Me agito en mi soledad
tratando de alejarte pero,
de mi cuerpo y alma eres huésped
y no puedo amputarme de ti.

* * *
Juan Carlos García Araya (45)
Rapsodas Fundacionales
Arica, 3 de octubre de 2008

viernes, 9 de enero de 2009

CAMINANTE

Camino,
siento mis músculos tensarse
y las piedras bajo los pies.
Camino,
busco,
siempre avanzando
por huellas desérticas
sin encontrar descanso.

* * *
Juan Carlos García Araya
Rapsodas Fundacionales
Arica, 6 de octubre de 2008

APARICIÓN

Caminas hacia mi
y no me ves.
Pasas por mi lado,
aspiro tu perfume,
y yo aquí, inmóvil,
encadenado a un sillón
con cinturón de seguridad
sin poder tocarte.
Un espejo refleja tu imagen
no distingo tu rostro,
pero sé que eres tú,
siempre tan lejana.

* * *
Juan Carlos García Araya
Rapsodas Fundacionales
Arica, 11 de Noviembre de 2008

DISTANCIA

Tú estás allá,
yo aquí,
no nos vemos.
Tu voz me llega,
en silencio,
como la mía
por temor a decir
lo que siento por ti.

* * *
Juan Carlos García Araya
Rapsodas Fundacionales
Arica, 6 de Octubre de 2008

ULTIMA CAMINATA

Tengo el rostro enjuto, labrado
por el tiempo y los baldones
soportados unos tras otros,
vista y cabeza inclinada.

Marcho encorvado y lerdo,
solitario, por el cemento doliente
de un empobrecido arrabal
bajo ausente compasión.

Ya no arremeto contra molinos;
mis trancos me arrastran inexorables
al panteón de las quimeras
sin dejar nada detrás.

Allí retornaré al origen:
la ausencia dispersará
mi carne y mis huesos
deshechos por la putrefacción.

* * *
Juan Carlos García Araya (40)
Rapsodas Fundacionales
Arica, 21 de Agosto de 2008

NO ENVEJECEREMOS JUNTOS

Ya no envejeceremos juntos
ni pasearemos de la mano
por ese camino
mil veces transitado
bajo la lluvia y el temporal.

Ya no envejeceremos juntos,
olvidaremos esos días
también esas noches
cuando parecía
que nada tenía fin.

Ya no envejeceremos juntos,
renunciamos a todo aquello
que prometimos conservar
en pacto secreto
contra viento y tempestad.

Ya no envejeceremos juntos,
nos miraremos partir
cada uno por su lado
sin pronunciar
ni siquiera un adiós.

* * *
Juan Carlos García Araya (39)
Rapsodas Fundacionales
Arica, 15 de Agosto de 2008

UN RECUERDO DE MI PADRE

Yo, el vigía de pantalón corto,
lo avisté allá, en el horizonte,
con su gorra blanca inclinada
avanzando en mecido andar.

Navegando con suaves vaivenes
surcaba el océano de mi espera.
¡Ahí viene! Corro hacia sus brazos
y me alza como un batel.

Derivamos a golpes de gobernalle,
nos extravió el generacional rumbo
y un clima inclemente, tempestuoso
orientó mi navío a ultramar.

Sus abriles no bordearon dóciles,
la borrasca desgarró su velamen
y ancló en definitivo puerto
estribado en el bruno lanchón.

* * *
Juan Carlos García Araya (32)
Rapsodas Fundacionales
Arica, 13 de Julio de 2008

CÍRCULO TEMPORAL

Nada es igual a lo que conocí
una nube de tiempo cubrió todo,
no distingo el mañana del ayer
y olvidé su nombre y el mío.

Trepo escalas de negros peldaños
para atrapar el ciclo volador
que corre raudo en la ausencia
por entre ocaso y amanecer.

Jornadas sin huellas se entrecruzan,
por cada paso vacilante que doy,
con el pie derecho, con el izquierdo
vuelvo a tomar la misma dirección.

* * *
Juan Carlos García Araya (28)
Rapsodas Fundacionales
Arica, 28 de Junio de 2008

DOMINGO EN LA TARDE

Estoy tratando de escribir
sentado en mi pupitre,
pero sólo pienso en ti.

El sol brilla en la ciudad,
sin embargo, en mi alma
sólo tengo oscuridad.

¡Cuánto tiempo ha pasado!
Aún me parece ayer
cuando me alejé de tu lado.

Acuden a mi conciencia
relámpagos de colores
que encienden tu ausencia.

Me aflige recordarte
mientras trato de escribir
hoy domingo en la tarde

* * *
Juan Carlos García Araya (16)
Rapsodas Fundacionales
Arica, 7 de Enero de 2008

AUSENCIA

Lentamente voy caminando,
no quiero volver a mi pieza,
nadie me está esperando.

Extraño su presencia,
y al abrir la puerta,
me encara la ausencia.

Cada objeto, cada adorno
me recuerdan nuestros días,
y aún no me conformo.

* * *
Juan Carlos García Araya (3)
Rapsodas Fundacionales
Arica, 19 de Febrero de 2007

CUANDO LAS SOMBRAS....

Cuando las sombras oculten mi imagen
Y mi voz no resuene en tus muros.
Cuando mi nombre quede mudo
Y de tu futuro quede al margen
Por favor, recuérdame.

Cuando la tormenta esté aplacada
Y el dolor se haya marchado
Cuando el futuro reemplace al pasado
Y tengas una nueva mirada
Por favor, recuérdame.

Cuando mis errores haya pagado
Todo este tiempo en la lejanía
Cuando tanto sufría
Por tu amor alejado
Por favor, recuérdame.

Por esos momentos vividos,
Con grandes sueños y esperanzas
ahora que todo es añoranza
por tu cariño perdido
Por favor, recuérdame.

Cuando la noche cierre mis ojos
Y mi corazón deje de latir
Cuando llegue la hora de partir
y la tierra reciba mis despojos
Por favor, recuérdame…

* * *
Juan Carlos García Araya (1)
Rapsodas Fundacionales
Arica, 29 de Diciembre 2005

LA "ROYAL" (Cuento)

Corría el año 1968; yo cursaba el primer año de universidad. Las clases se impartían en amplios laboratorios donde realizábamos experimentos cuyos resultados debíamos entregar en un informe. Las primeras semanas la profesora los aceptaba manuscritos, pero después los exigió tipiados a máquina. Yo no tenía y nunca había usado una. Durante el almuerzo se lo comenté a mi padre, él me dijo que existía una guardada en un viejo baúl en el patio trasero de la casa. Si quería, podía utilizarla.
Al atardecer, de vuelta de clases, abrí la polvorienta arca y, entre ropas y trastos viejos, la encontré. Era una antigua pero bella máquina de escribir portátil Royal Blikman Sartorius. La llevé a mi pieza, la puse cuidadosamente sobre el escritorio y la abrí. Aunque cubierta de una fina capa de polvo se veía sin señales de uso, como nueva. Luego de una rápida limpieza, introduje una hoja en blanco en el rodillo y comprobé su estado probando todas las teclas. Funcionaban a las mil maravillas. Enseguida la aceité y le puse cinta nueva.
Así comencé a escribir mis informes y aunque utilizaba sólo dos dedos, poco a poco fui adquiriendo mayor destreza. Al cabo de una semanas, el ejercicio de apoyar sobre las teclas y ver formarse las palabras en un papel me resultó atractivo.
Pronto la idea de un cuento empezó a gestarse en mi mente, pero no se me ocurría ningún argumento. Me instalaba frente a la máquina y me quedaba observando durante largos minutos la carilla blanca en espera de inspiración. Tecleaba una frase… y hasta ahí no más llegaba. Pasaron los días y la plana seguía inmaculada.
Una noche me desperté bruscamente. Molestó, busqué el motivo. Miré hacia el escritorio y ví la máquina bañada por un rayo de luz que se colaba entre las cortinas. Me levanté y las cerré. Sin más, me volví a dormir.
Al otro día, al levantarme recordé esa visión. Miré la máquina y por primera vez sentí que, por fin tenía una idea. Era algo confusa todavía y desordenadas imágenes se mezclaban en mi mente.
Durante todo la jornada me perturbaron impidiendo que me concentrara en mis cursos. Volví rápidamente a mi hogar, tiré mis libros y cuadernos sobre la cama y me senté frente a la Royal. Al tocar las teclas las palabras empezaron a ordenarse en mi cabeza. Empecé a escribir y con asombro veía conformarse palabras y frases. Completé el primer párrafo, luego el segundo y un tercero hasta llenar una página … y se esfumaron las imágenes. Releí lo escrito. Me parecía bueno pero la historia estaba inconclusa y no tenía más ideas para continuar.
Vanos fueron mis intentos por finalizar la narración. Obscureció y seguía en el mismo punto. Desalentado me fui a acostar. Me dormí rápidamente, pero en medio de la noche nuevamente algo me despertó. Como la vez anterior busqué la causa. Nuevamente la luna derramaba un rayo de luz sobre la máquina de escribir formando un intenso halo azul. Irritado y medio dormido, me levanté a cerrar las cortinas para poder seguir durmiendo, pero al pasar frente al escritorio, los párrafos empezaron a ordenarse otra vez en mi cerebro.
Me volví hacia la máquina y me sentí fuertemente atraído. Me invadió un vértigo fugaz y una urgente necesidad de escribir. Ya no tenía sueño. Encendí la lámpara, me puse la bata y me senté. Estuve tecleando febrilmente hasta el amanecer cuando, rendido por el cansancio, mi cabeza quedó reposando sobre las teclas.
Un estridente despertador me arrancó del descanso. Al abrir los ojos aún cargados de sueño me encontré con la palabra FIN y de repente me sentí completamente despierto, así que tomé un lápiz y leí el relato. A medida que recorría sus líneas mi estupor iba en aumento. ¡No era posible que yo hubiese escrito eso! No se trataba de una obra de arte; calificarla estaba fuera de mi alcance, pero la historia me gustó.
Ésta hablaba de un hombre, un veterano de la Guerra del Pacífico, quien, aparentemente abrumado por lo vivido en ese conflicto se suicida, pero años más tarde se descubre que fue asesinado por un camarada.
Con las cuartillas en mi mano me dirigí donde mi padre. Ceremoniosamente se las entregué para que las leyera. Al cabo de unos minutos me llamó.
- ¿De donde sacaste la trama? – me preguntó.
- De ninguna parte. Se me ocurrió y luego fluyó prácticamente sola – respondí- ¿Por qué?
- Es exactamente lo que sucedió con mi abuelo, tu bisabuelo Manuel – explicó - Efectivamente se suicidó pero nunca se habló de asesinato ¿Cómo se te pudo ocurrir? ¿Leíste algo? ¿Lo investigaste?
- No, nada de eso – respondí inquieto y le relaté las circunstancias que me inspiraron.
Permaneció meditabundo algunos segundos.
- Veamos ese artefacto tan especial – manifestó mi padre tomándome de un brazo.
Abrí la puerta de mi cuarto y nos acercamos al escritorio. Allí estaba la “Royal”.
- Hace muchos años que no la veía – murmuró mi padre extrayéndola de su caja. La levantó y la examinó.
- Aquí hay una etiqueta con un nombre, “Manuel González”. ¡Entonces era del bisabuelo! – exclamó sorprendido - También una fecha algo borrosa, parece ser “21 de marzo de 1920”. ¡Debe haber sido unas de las primeras que llegaron a Chile!
- ¿Tú no sabías que le pertenecía? – inquirí.
- No tenía la menor idea. Creí que era de mi padre. Jamás supe que el bisabuelo escribía….
- ¿Y el abuelo?
- Si, él era periodista, pero que yo sepa, nunca la usó - dictaminó devolviéndola a su lugar.
- ¿Y cómo llegó aquí? – le pregunté intrigado.
- La traje como recuerdo – repuso - Él la cuidaba mucho y me interesó guardarla.
Cerré la cubierta y salimos. Nos sentamos en el living y encendimos sendos cigarrillos. Durante algunos minutos fumamos en silencio.
- Voy a enviarle el cuento a tu abuelo y contarle cómo se te ocurrió – expresó mi padre después de algunas caladas - Quizás él pueda decirnos algo más sobre este asunto. No se me ocurre nada más por ahora.
Asentí. Seguimos fumando.
Al cabo de unos días de ansiosa espera recibimos respuesta del abuelo. El bisabuelo la había adquirido en la Casa Prá de Valparaíso, pero la utilizó muy poco. Al parecer sólo le interesó como novedad. Más adelante explicaba que durante mucho tiempo habían creído que el bisabuelo efectivamente se había suicidado, pero hacía algunas semanas, la policía le había dado a conocer una carta de un hombre donde decía que su padre, también excombatiente de la Guerra del Pacífico, le había confesado pocos días antes de su fallecimiento ser el autor de la muerte de mi bisabuelo, pero no precisaba los motivos. Nuestra familia quedó sorprendida con esa noticia y, por supuesto, se alegró. Por fin el misterio de su muerte quedaba aclarado.
- Desde niño me pregunté por los motivos del abuelo para suicidarse, él que era tan jovial - dijo mi padre - Me reconforta tanto saber que no se suicidó.
Se acercó y me abrazó fuertemente. Permanecimos así largo rato.
Volví a mi cuarto embargado de una sensación mezcla de felicidad y satisfacción. Me senté frente a la máquina. Puse mis dedos sobre el teclado, pero no sentí nada.

* * *

Juan Carlos García Araya
Arica, 8 de Abril de 2007

LOS COMANDOS (Cuento)

Al trote y bajo las órdenes de oficiales y clases, nuestra compañía, Cazadores de Montaña, cruzó rauda la puerta del cuartel Nº 2 del Regimiento Rancagua. En la garita de la guardia, los dos centinelas sonrieron socarronamente al ver la columna de novatos en instrucción. Ellos ya habían pasado por lo mismo, eran los “antiguos”. Nosotros cumplíamos apenas dos semanas en el servicio militar y por primera vez salíamos de la caserna.
Vestíamos pantalones cortos de color blanco y calzábamos delgadas zapatillas de gimnasia. Nada más bajo el fuerte sol del verano ariqueño.
Ya en la calle y en perfecta formación, giramos hacia el norte por la costanera recién asfaltada.
- ¡¡Yo no sé para donde voy, sólo sé que trotando estoy!! – entonábamos en coro. Algunos vehículos que circulaban disminuyeron la velocidad para observar a esos conscriptos que desafiaban el calor de las primeras horas de una tarde de Febrero.
De nuestro lado, la única preocupación era aguantar y volver lo más rápidamente posible, tomar una refrescante ducha para luego tirarnos a descansar, y a lo mejor hasta podían dejarnos salir “franco”.
Dejamos atrás la Playa Chinchorro y a trote vivo bajamos la ladera. La pista se puso más difícil y la columna se desparramó. Algunos empezamos a quedar atrás. El agotamiento y el polvo comenzaron a hacer estragos en las filas. De repente nos encontramos avanzando sobre la línea del ferrocarril de Arica a Tacna. Intentamos tomar el ritmo para no tropezar con los “durmientes”, pero su distribución hacia imposible sostener cualquier cadencia sin aumentar el cansancio. Las dificultades continuaron, las zapatillas empezaron a llenarse de tierra y de pequeños guijarros haciendo doler los pies. Con el pretexto de sacarlos varios se detuvieron a descansar, pero los vozarrones de sargentos y cabos los hicieron rápidamente entrar en la fila. Había que continuar cueste lo que cueste.
- Así es la vida del soldado - nos decían– y tienen que acostumbrarse al sufrimiento. ¡Den gracias que no llevan fusil ni mochila, ya verán más adelante! – amenazaban riéndose.
El compacto grupo de la compañía se había transformado en una larga fila de cansados reclutas que luchaban para mantener el compás y la distancia. Para ello podíamos contar con las órdenes y gritos de los superiores.
Continuamos nuestra carrera, ahora por la tierra, hacia el sector de Las Machas. Dejamos atrás el Hipódromo y arribamos a la playa con los pulmones ardiendo. Agotados nos tiramos a descansar y después de un rato, se nos autorizó a darnos un baño de mar.
Paulatinamente el cansancio y las penurias quedaron atrás. La brisa y el mar nos aliviaron. Ahora nos divertíamos con las olas… pero el respiro fue de corta duración. Formamos filas y nos lanzamos otra vez a trotar.
- ¡¡Yo no sé para donde voy, sólo sé que corriendo estoy!! - entonamos nuevamente rumbo al regimiento.
Tal como al inicio, rápidamente la fatiga se apoderó de nuestras piernas y las bocas buscaban con ansias un nuevo aliento que nos permitiera llegar sin tropiezos.
El camino de regreso que tomamos pasaba por la orilla del mar, era un poco más corto pero la arena hacía más difícil la carrera.
Con la sola idea de llegar pronto, comenzamos a cruzar la Playa Chinchorro colmada de bañistas. La gente nos miraba. Nosotros, siempre con la idea fija del retorno.
De repente a lo lejos ví con preocupación, un grupo de niños que se acercaban corriendo.
- Estos cabros nos van hacer alguna broma o van a burlarse de nosotros – pensé dispuesto a soportarlas dignamente.
- ¡¡Miren los comandos!! – exclamó entonces uno de los chiquillos. De golpe desapareció todo el cansancio y sufrimiento que hasta ese momento sentíamos. Esa admirativa frase fue un impulso, un potente aliciente para nuestro alicaído ánimo. Enderezamos espaldas, respiramos profundo y coreamos a todo pulmón con renovados bríos.
- ¡¡Yo no sé para donde voy, sólo sé que corriendo estoy!!

* * *

Juan Carlos Garcia Araya
Arica, 27 de Febrero de 2004